HISTORIA DEL MEDICAMENTO

 

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Sábado Noviembre 25, 2017

aspirina

Autor: Félix Castañón

 

Corría el año 1918 cuando, coincidiendo con el fin de la primera guerra mundial, se desató la pandemia gripal más virulenta y mortal de la historia reciente. Se calcula que alrededor de unos cincuenta millones de personas murieron por esa gripe en el mundo. Por hacer una comparación, en la primera guerra mundial murieron unos diez millones de personas.

Fue a comienzos de ese año, cuando aparecieron los primeros casos en el estado norteamericano de Kansas, para, con gran rapidez, expandirse por todos los Estados Unidos, sin que nadie diera la alarma sobre esta epidemia, fundamentalmente por dos causas, la primera, como era el final de la guerra, se estableció el secreto militar y la segunda, que no era una enfermedad que estuviera incluida en ningún protocolo de alerta en ese país, por considerarla no peligrosa. En Europa los primeros casos surgieron en primavera en los cuarteles que los norteamericanos tenían en Burdeos y Brest. Poco tiempo después aparecen los primeros casos en Madrid, que poco a poco se van extendiendo por todo el País.

Como en 1918 aún coleaba la primera guerra mundial, los aliados europeos y EEUU, silenciaron la epidemia, vino quina y kolacon el fin de no dar señales de debilidad frente al enemigo,  pero como España no participó en ésa guerra, se dio buena cuenta del problema por medio de la prensa, de ahí que se la llamara “la gripe (o la influenza) española”, ya que se pensó que era un problema que solamente se daba en  nuestro País.

El índice de mortalidad era muy elevado, no solo entre ancianos y niños, sino también entre enfermos jóvenes, de edades que oscilaban entre los 18 y los 35 años. Las muertes se producían por neumonía ocasionada por el debilitamiento del paciente y las condiciones de insalubridad, que eran aprovechadas por bacterias oportunistas o neumonías víricas graves producidas por la propia gripe. Esta virulencia tan brutal, se supo tiempo después, no había sido producida por ningún gen humano, sino que se trataba del virus de la  gripe aviar, pero con al menos 25 mutaciones que la hacían aún más peligrosa, porque el virus aviar se propaga con muchísima más rapidez que la gripe común, tal es así, que se estimó que en cuatro meses el contagio dio la vuelta al mundo.

En España se pusieron en marcha múltiples medidas de prevención y saneamiento  de las calles, de las canalizaciones de aguas, retirada de estiércol, limitación de aforos y de sesiones en teatros, salas de fiesta y otros lugares de reunión, etc. y en los lugares de paso fronterizos con Francia y Portugal se situaron puestos de desinfección, impidiendo que ninguna persona entrara en nuestro País sin pasar por ellos, donde una vez desinfectados se les entregaba una especie de salvoconducto en el que se daba fe de que estaban libres del virus. De todas formas la organización en España fue un auténtico desastre, de lo que dan fe los ocho millones de infectados y los trescientos mil muertos.

En la frontera con Portugal, el problema fue aún mayor, ya que en ese País se había desatado también una epidemia de piramidontifus exantemático, por lo que a los que venían de allí, además de desinfectarlos, había que despiojarlos. Se sabía que el tifus era producido por los piojos y que estos eran fruto de la falta de higiene, por lo que según se informaba en una circular de Beneficiencia y Sanidad de junio del 18, había que despiojar a los “pordioseros, gitanos vagabundos y emigrantes pobres y desaseados, que son los que contagian la enfermedad de un lugar a otro”.

Nota del Gobierno de España en la prensa el 14 de septiembre de 1918: “Se ha recrudecido la gripe en España, hasta el punto de presentarse distintos focos en muchas provincias, con carácter expansivo, gran número de atacados y con la mortalidad propia de la gripe, causada singularmente por complicaciones bronco-pulmonares. Se recomienda a los pueblos el posible aislamiento de los enfermos, evitar la aglomeración de gentes en sitios cerrados que faciliten el contagio y las medidas de prevención y profilaxis general,  propias de estos casos. Los Inspectores Provinciales de Sanidad, acuden por orden de la Inspección General del ramo a los pueblos epidemiados, con el fin de confirmar la naturaleza de la enfermedad y tomar las medidas necesarias para evitar la propagación del mal.

Respecto a las medidas tomadas en la frontera para evitar la importación de las enfermedades epidémicas existentes en Francia, se han puesto en función activa, todas las estaciones sanitarias de la frontera francesa, que son las siguientes: dos de primera clase, una en Irún y otra en Port-Bou, y varias de segunda clase, que son: en la provincia de Guipúzcoa, Behovia; en la de Gerona, la Junquera y Puigcerdá; en Lérida, las de Bosost, Les y Seo de Urgel; en Huesca,vacuna bronquil las de Canfranc y Sallent; en Navarra, Dancharines, Vera y Valcarlos.

Todas estas estaciones están dotadas de médicos, estufas de desinfección por vapor, pulverizadores, personal de maquinistas y desinfectores y cuantos elementos son necesarios para su funcionamiento. En las estaciones de Irún y Port Bou, existe, por su importancia, un personal  numeroso de médicos reconocedores, estufas y otros medios suficientes de desinfección y un pequeño hospital de aislamiento para enfermos sospechosos”.

“Instrucciones a los gobernadores: …el personal médico que ha salido ayer, tiene órdenes terminantes de hacer los exámenes bacteriológicos convenientes para el conocimiento exacto de las enfermedades.

Parece que los portugueses en los que se presentaron los casos de disentería alarmante, están ya fuera del territorio español y que la familia española atacada de virus exantemático fue aislada convenientemente y no hubo contagio.

No obstante, las órdenes en la frontera son muy severas y bajo ningún pretexto pasará nadie sin que se le someta a la desinfección correspondiente y en caso necesario al aislamiento.

Los encargados de cumplir las órdenes sanitarias, que quebranten éstas, serán castigados severísimamente”.

Esta gripe tuvo tres picos en 1918 y principios del 19, siendo el segundo, que se dio en el otoño, el más virulento de todos. Los hospitales estaban desbordados y en muchos lugares hubo que fabricar barracones con el fin de poder ingresar al gran número de afectados, como por ejemplo, los famosos pabellones Docker, propiedad del Gobierno, que fueron instalados para tratar a la gran avalancha de enfermos pobres, según relataba el periódico Mundo Gráfico.

Pongo aquí el relato del Dr.Codinaen la Real Academia Nacional de Medicina celebrada el 25 de mayo de 1918 acerca de los síntomas que presentaba la gripe: “Del domingo al lunes de esta semana empezó a ponerse enfermo en gran pabellones dockernúmero el vecindario de Madrid; por lo menos en lo que a mí se refiere, puedo decir que el domingo recibí numerosos avisos para visitar enfermos de esta epidemia, avisos que han ido en aumento progresivo hasta ahora. La enfermedad, en general, ha comenzado en mis enfermos con fiebre alta, en la mayoría sin ser precedida de escalofríos; cefalalgias, no sólo frontales, sino occipitales; dolor de riñones, quebrantamiento general, molestias faringo—laríngeas y laxitud; en algunos, mal sabor de boca; en otros casos, dolor de vientre, y generalmente estreñimiento”.

En cuanto a los tratamientos, si tenemos en cuenta, que entre la clase médica no se ponían de acuerdo en cuanto al agente patógeno, tampoco  existía pues, una idea clara con respecto a los mismos, tal es así que cada médico ofrecía su propia propuesta terapéutica. La Real Academia de Medicina reconoció también que “no existía un procedimiento terapéutico  específico, de eficacia decisiva para el tratamiento de la gripe y sus complicaciones”. Me referiré únicamente al comunicado de  la Real Academia Nacional de Medicina al ministro de la Gobernación, del 29 de octubre de 1918 acerca de los fármacos que esta Institución creía más eficaces para tratar aquella pandemia: “Sueros: Suero antidiftérico, equino y demás sueros. Fármacos: Sales de quinina, Opio y sus derivados. Yodo y derivados. Digital y sus derivados. Acetato y Carbonato amónicos. Antipirina. Aspirina.  Piramidón. Esparteína y sus sales. Cafeína y sus sales. Estricnina y sus sales. Adrenalina. Colesterina. Benzoato Sódico. Alcanfor. Salicilato Sódico. Novocaína. Desinfectantes: Cresol. Creolina y demás derivados de la hulla. Hipocloritos. Azufre. Formol”. También se apuntó el suero antidiftérico como el remedio más eficaz en todas las formas de gripe, aunque por supuesto había muchas opiniones encontradas.

También se recomendó a varias Empresas la fabricación de una vacuna eficaz, entre ellas, los laboratorios Leti, pero no llegaron a tiempo ya que el temido virus desapareció sin más en 1920 al disminuir los huéspedes que contagiar, con la mayor parte de la población inmunizada.

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